La violencia contra la mujer por parte de su
pareja o ex-pareja está generalizada en el mundo dándose en todos los grupos
sociales independientemente de su nivel económico, cultural o cualquier otra
consideración. Aun siendo de difícil cuantificación, dado que no todos los
casos trascienden más allá del ámbito de la pareja, se supone que un elevado
número de mujeres sufren o han sufrido este tipo de violencia.
Es un hecho que en una relación de pareja la
interacción entre sus miembros adopta formas agresivas. En todas las relaciones
humanas surgen conflictos y en las relaciones de pareja también. Las
discusiones, incluso discusiones acaloradas, pueden formar parte de la relación
de pareja. En relaciones de pareja conflictivas pueden surgir peleas y llegar a
la agresión física entre ambos. Esto, que podría alcanzar cotas de violencia
que serían censurables y perseguibles, formaría parte de las dificultades a las
que se enfrentan las parejas.
Las cifras de mujeres víctimas de violencia
familiar llevada a cabo por quien sea o haya sido la pareja de la mujer,
requiere especial dramatismo en el ámbito de la pareja y doméstico: anualmente
decenas o cientos de mujeres son asesinadas a manos de sus parejas en
diferentes países del mundo.
En la pareja el maltrato es mayoritariamente
ejercido por él contra ella. Tiene unas causas específicas: los intentos del
hombre por dominar a la mujer, la baja estima que determinados hombres tienen
de las mujeres; causas que conducen a procurar instaurar una relación de dominio
mediante desprecios, amenazas y golpes.
Los rasgos más visibles del maltrato son las
palizas y los asesinatos, son los que trascienden del ámbito de la pareja; sin
embargo, los maltratos de baja intensidad, los maltratos psíquicos que
mantenidos en el tiempo socavan la autoestima de la mujer, son los que
mayoritariamente se dan. Cuando trasciende un caso de maltratos, la mujer puede
llevar años sufriéndolos. Y si los maltratos pueden producirse en cualquier
etapa de la historia de la pareja, es en el momento de la ruptura y tras esta,
si se produce, cuando llegan a exacerbarse.
Hay tres formas en que se puede emplear este
tipo de violencia:
1.
Maltrato psicológico.
Consiste en el trato degradante continuo que tiene como propósito atacar la
dignidad de la persona. Es difícil de detectar pues son muy sutiles pero con el
tiempo afectan.
2.
Acoso psicológico. Es
generar violencia psicológica planificada para obtener un propósito específico,
donde el atacante está consciente de lo quiere lograr, en este caso denigrar la
autoestima de la violentada para someterla.
3.
Manipulación mental. Es
la forma de control que se da entre dos personas, en este caso, del hombre
hacia la mujer generando paulatinamente que ésta pierda su autonomía, libertad
y toma de decisiones haciéndola dependiente en todas la formas: económica y
emocionalmente.

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